
Os contaré algo, cuando nació yo pensaba que era imposible quererlo con la misma intensidad que a su hermano mayor, que ya tenía 2 años y que había sido el primer hijo, el primer nieto y el primer sobrino…
Se piensan muchas tonterías e insensateces cuando tienes poco más de 20 años…
Al ver su carita morena y sobre todo su boquita redondita , me dije, que poco sabes Isabel de querer o no querer… porque sentí las mismas emociones y ternura que en el nacimiento de mi primer sobrino.
Oscar, que así se llama, nació con tanta curiosidad y actividad en su cuerpo que nos traía en jaque a todos los que estábamos a su lado. Sigue siendo el mismo, pero como ha crecido sopesa las consecuencias y ya no pasea por las cornisas de su casa… ni se tira detrás del helado que le ha caído en las rocas…ni le hace preguntas a los viandantes que se cruza…ni se lanza en aventura escapándose de la “guardería” para poder ir en autobús … experimenta, pero de otra forma.
Supongo que la vida va serenando su parte de Quijote…y ha aprendido que controlando su vehemencia lo que hace es más efectivo.
Yo lo quiero muchísimo y admiro lo que hace y lo que es… en las distancias cortas o en la lejanía siempre será lo mismo para mí.
Me siento muy orgullosa de él y de sus hermanos… son diferentes y complementarios y en cuestiones de quereres no hay ni más ni menos cantidades, hay iguales intensidades.
Te quiero mi niño.