
Cuando ya podía sonreír, otro nuevo golpe, y aunque ninguno podía ya ser tan grande como el primero… dolía, y mucho… y de nuevo se levantó… pero faltaba un tercero… y la verdad, ya no tenía ganas de luchar…
Le quedaban todavía más heridas que recibir… y dudaba de sus fuerzas y se preguntaba si merecía la pena soñar en un nuevo amanecer.
Y en ese punto estamos…
A veces desespera y otras no quiere rendirse, seguro que acabará ganando la batalla… tendremos que esperar a ver lo que acontece y como se van abriendo los caminos hacia lo que tenga que venir.